Aceite de oliva «Uso medicinal»

Ya hemos hablado acerca de la oliva o aceituna y los beneficios que el fruto de esta planta aportan a la salud. Si bien el aceite de oliva se extrae de dicho fruto, este producto merece un artículo exclusivo que se lo dedicaremos en e este espacio.

Beneficios del aceite de olivas y aplicaciones para la salud

El aceite de olivas es, en primer lugar, un alimento de los llamados respiratorios, gozando por este concepto de las propiedades de todas las grasas del reino vegetal.
Laxa a los niños, tomando un par de cucharadas en ayunas. Es conveniente administrarlo con un infuso de té o café bien azucarado para evitar que produzca náuseas y a veces vómito.

Se recomienda a los que padecen extreñimiento puesto que, además de laxar, corrige y suaviza la sequedad de los intestinos, facilitando la expulsión del bolo excrementicio.
Las familias improvisan un purgante suave mezclando y batiendo una o dos cucharadas usuales de aceite de olivas con una yema de huevo y azúcar. Se añade paulatinamente a esta mezcla, agua aromatizada con zumo de limón o de naranja, y se continúa batiendo fuertemente con una cuchara hasta que quede algo emulsionado. Puede ponerse en vez de agua, té o café.

Para gargarismos da también resultados eficaces esta emulsión en casos de inflamación en la garganta y contra la ronquera.
La viscosidad del aceite, cuando se toma solo y en bastante cantidad, produce a veces náuseas y vómitos, por cuyo motivo se emplea en los casos de envenenamiento o también por haber tragado un hueso, espina o cuerpo duro cualquiera.

No obstante, su uso está contraindicado cuando el envenenamiento ha sido por el fósforo o por el yodo, puesto que, siendo el aceite un disolvente de dichas materias venenosas, facilitaría la difusión de las mismas en el organismo. No debe olvidarse esto.

También se emplea al interior, en la dosis de 100 a 200 gramos, contra los cálculos renales y hepáticos.
En lavativas, solo o emulsionado con agua hervida o esterilizada, se administra en los casos en que convenga una rápida evacuación. Debe utilizarse no muy caliente y retenerlo en los intestinos todo el tiempo posible.

El aceite frío está indicado contra toda clase de quemaduras, sean del grado que fueren, en compresas, mezclado y bien batido con agua. Si se le añade almidón o, mejor aún, agua de cal o clara de huevo, forma un linimento de gran valor medicinal, como remedio de primera intención, aunque las heridas sean muy extensas. Para las quemaduras en los dedos, es muy eficaz introducirlos en una jicara que contenga aceite frío y retenerlos así durante un buen espacio de tiempo. El aceite evita el contacto del aire que tiende a irritar y a infectar la herida, y calma notablemente los dolores de la quemadura.

Las fricciones repetidas del aceite de olivas, algo calentado, en los casos de dolores reumáticos, han producido buenos resultados, en general, lo que no es de extrañar, por lo demulcente o suavizante que es el aceite, siempre y cuando el reuma fuere de origen inflamatorio, porque en tal caso puede disminuir la irritabilidad de la parte dolorida, pero no porque sea calmante por su propia naturaleza.
En veterinaria se emplea también el aceite de olivas, tanto interior como exteriormente, para los mismos usos que en la medicina humana, y muy especialmente como purgante y vomitivo.

Calidad del aceite de oliva y sus alteraciones

El aceite de olivas, si no es puro, suele alterarse y toma mal sabor. Cuando tiene algún tiempo y está mal acondicionado, se enrancia.
Para evitar en lo posible este enranciamiento, hay que ponerlo en el sitio más fresco de la casa, guardándolo en vasijas de tierra barnizada, con preferencia a las vasijas metálicas, y mantenerlas siempre bien tapadas. Si se emplean vasijas metálicas, deben ser de hojalata estañada o de metal blanco, porque son los únicos metales a los que no ataca el aceite.
Hay dos medios para corregir el gusto del aceite de olivas enranciado. El primero consiste en poner el aceite averiado en un recipiente que se llena hasta la mitad, y echarle agua muy caliente, agitando fuertemente repetidas veces; luego se deja en reposo y se separa el aceite. Se repite la operación varias veces con nueva e igual cantidad de agua caliente, hasta lograr que mejore el mal sabor. El segundo medio estriba en echar cierta cantidad de aceite rancio sobre un puñado de carbón vegetal, reducido por contusión a trocitos, de los que se separa el polvo, y se deja en su contacto durante dos o tres días; pasado este tiempo, se filtra por
un paño, resultando así el aceite más claro y privado, en parte, de su mal olor y sabor.
Este último procedimiento es bueno, pero el primero es mejor; tanto es asi, que hoy se logra que desaparezca el enranciado de los aceites y demás grasas haciendo pasar una corriente de vapor de agua por la masa del aceite averiado. Hay fábricas que se dedican

exclusivamente a esta industria y consiguen quitar el mal sabor hasta al aceite de ricino y al petróleo.
El aceite de olivas es falsificado mezclándolo con otros aceites de menos valor, siendo los más comunes, los de sésamo, cacahuete, algodón, adormideras, colza, nabo, etc.

Para reconocer si es puro, hay que buscar el olor y sabor característicos de la aceituna, que debe tener un buen aceite de olivas.
Otro de los procedimientos que pueden descubrir el fraude con más seguridad, consiste en agitar fuertemente el aceite que se quiere ensayar y dejarlo luego algunos instantes en reposo; si no contiene mezcla alguna, deberá presentar la superficie lisa y no ampollosa o formada de espuma y de burbujas, que se producen cuando hay otros aceites mezclados. También puede averiguarse exponiendo el aceite a la temperatura de cero grados por medio del hielo o en una nevera. No obstante, resulta muy difícil de descubrir la mezcla con el aceite de cacahuete, por congelarse a igual temperatura y no formar am¬ pollas con la agitación. Solamente los técnicos lo averiguan mediante ciertos reactivos, y aun así el aceite de cacahuete debe existir en bastante cantidad para ser descubierto. Es común este fraude, sobre todo, si el cacahuete está a bajo precio.
Terminaremos aconsejando a las familias que, siempre que pue¬ dan, usen como grasa para condimento el aceite de olivas puro, de preferencia a la manteca de cerdo, por lo mismo que es más sano y quizá tan nutritivo como aquélla.

Un poco de historia acerca del aceite de oliva

El uso del aceite de olivas es antiquísimo. Los monumentos pre¬ históricos que el célebre explorador Fouqué ha desenterrado en Santorín (la antigua isla de Hiera, donde se han conservado los restos de la más primitiva civilización helénica) muestran los vestigios de una prensa de aceite construida con piedra volcánica.
Homero (siglo x antes de Jesucristo) en sus poemas habla del aceite de olivas como de un producto raro y tan costoso, que era reservado a los ricos, que lo mandaban a buscar a Oriente. Hace mención también, como cosa corriente, de un aceite verdoso que debió ser obtenido de olivas silvestres, y mal prensadas.
En la Jonia (Asia Menor) y en todas las islas de aquel Archipiélago, lo citan remotas tradiciones religiosas y poéticas. El filósofo griego Tales de Mileto (600 años antes de Jesucristo), fijándose en algunas observaciones, previo que cierta cosecha de olivas iba a ser abundantísima y se adelantó a arrendar todos los molinos para fabricar aceite, obteniendo grandes beneficios.
El aceite de olivas se usaba en la mayor parte de los sacrificios al empezar esas funciones religiosas.
Cuando se curaba a un leproso, el sacerdote, después de sacrificar un cordero y hecha la aspersión con la sangre de la víctima, debía ofrecer un log, o sea : medio litro de aceite; luego vertía algo de este líquido en su mano izquierda y con el pulgar de la diestra aspersionaba siete veces el altar de los holocaustos; luego con el resto untaba la oreja, los dedos pulgares de las manos, el pie derecho y la cabeza del enfermo.

El aceite sagrado era el aceite más puro, e iba mezclado con cuatro especies de aromas : la mirra, el cinamomo, la caña aromática y la casia; entre los hebreos era exclusivamente destinado a usos sagrados y no podía el pueblo reproducir la composición, bajo pena de destierro perpetuo. Con él se consagró a Aarón y a sus cuatro hijos, al sumo sacerdote, a los demás ministros y al tabernáculo.
En un principio, el aceite de olivas se fabricaba de un modo muy rudimentario, mediante la compresión de las aceitunas con los pies calzados con zuecos. Después se supone que utilizaron la tudicula (viga de prensar) y la mola olearia (especie de molino harinero).
Fué introducido en España por los emigrantes griegos el siglo vi antes de Jesucristo, quienes fundaron los pueblos de Rhode (Rosas) y Emporion (Ampurias) en el Noroeste de Cataluña, donde se esta¬ blecieron, y cultivaron el olivo, fabricando el aceite.
En las excavaciones de Pompeya, en la entrada de Stabiana, se encontró una tienda de un comerciante de aceite de olivas delante de cuya puerta estaban hundidas ocho grandes ánforas que, al efectuar las excavaciones, contenían todavía residuos de aceite y aceitunas.
Ya entonces se clasificaban los aceites en verdes y maduros, según 1
que las olivas que los producían fuesen más o menos sazonadas, y se consumían en gran escala. Este aceite fué reemplazando a la grasa animal en la alimentación.
En remotos tiempos, el aceite de olivas servía para premiar los actos loables. Así en los concursos gimnásticos, los atenienses con¬ cedían al vencedor de las Panateneas todo el aceite que resultaba de la cosecha de los moriar, que eran unas importantes plantaciones olivareras del Atica, consagradas a Minerva. I
Los emperadores y las municipalidades de las grandes pobla¬ ciones de la época romana, y aun los personajes significados, repar¬ tieron también con frecuencia aceite al pueblo.
En Barcelona existe un dato histórico referente a esta costumbre, según consta en una lápida empotrada en la esquina de la calle

de Hércules con la de Arlet.
Es de mármol blanco, y la inscripción en letras apenas legibles, dice : « Lucio Ceci- lioOptato.hijo de Lucio, cen¬ turión, etc., retirado ya del servicio con la mejor nota, por los emperadores Augus¬ tos, Marco Aurelio Antonino y Aurelio Vero, elegido por los barcinonenses entre los inmunes, habiendo alcan¬ zado los honores edilicios y sido tres veces duumvir y flamen de Roma y de los divinos Augustos, lega a la república barcinonense 7500 denarios para suministrar al pueblo aceite para las ter¬ mas públicas, etc., etc.»
El uso del aceite de oli¬ vas para el alumbrado corría parejas con el que se usaba para alimento y para las ceremonias religiosas. En el templo de Salomón había el almacén del aceite para el servicio del culto, a cuyo cuidado estaban consagrados los levitas, los cuales se ocupaban también del alumbrado de las siete célebres lámparas movibles de orp.
San Clemente de Alejandría dijo que los egipcios inventaron las lámparas de aceite, sirviéndose al efecto de escudillas, en las cuales metían sal y aceite.
Conocida es la parábola de Jesucristo acerca de las cinco vírgenes discretas que guardaban las lámparas alumbradas y las cinco necias, que las dejaban apagar por no llevar consigo el vaso de aceite des¬ tinado a alimentar sus lámparas.
Con aceite se untaban las ropas para darles mayor duración y así Alejandro encontró 331 vestidos que, aseguraba, tenían 180 años de fabricación y se conservaban como nuevos, debido a que fueron su¬ mergidos en un recipiente que contenía aceite y miel.
Los griegos y los romanos también creían que el aceite de olivas conservaba la salud de la piel y fortalecía el espíritu. Lo usaban para friccionarse el cuerpo, después del baño (a este fin se desti¬ naba el mencionado en la lápida romana de Barcelona) y lo tomaban en bastante cantidad como purgante.
En las ceremonias de la consagración de los reyes, después de ceñirles la corona les hacían la unción con el aceite de olivas. En la religión católica, se practica también la unción en cuatro de los siete sacramentos: Bautismo, Extrema-Unción, Orden y Confir¬ mación, en los cuales se unge con los Santos Oleos, consistentes unas veces en el aceite de olivas puro y otras, en una mezcla del aceite con substancias balsámicas.

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